4 Diferencias entre el Teatro y el Microteatro

Muy recientemente, he tenido la inmensa oportunidad de representar un texto maravilloso, con un equipo inmejorable: “El Espejo”, escrito y dirigido por Esther No Existe y con una compañera tan generosa como Itsaso Frasquier.

La cosa es que hicimos teatro… a pequeña escala. Me explico: era una obra de microteatro, con una duración de aproximadamente 20 minutos y representada en un escenario de tamaño reducido, con el público muy cerca de nosotros en todo momento.

Pese a ser una experiencia prácticamente igual de intensa y exigente que una obra de teatro convencional, existe una serie de diferencias clave entre actuar en un microteatro y una obra teatral. Por eso, ¡en este artículo quiero compartir 4 diferencias entre el teatro convencional y el microteatro!

Frame "El Espejo"

1. TIENES 15/20 MINUTOS PARA ASOMBRAR

La duración no es una diferencia menor: mientras que en una obra teatral, el equipo creativo y artístico tiene una hora o más para provocar todo tipo de emociones en el público, ¡en una obra de microteatro hay que asombrar, emocionar y sorprender al público en apenas un cuarto de hora!

Esto hace que el ritmo sea mucho más picado, y que la intensidad emocional en los diálogos y las acciones tenga que ser mucho mayor. Con 15 o 20 minutos, apenas hay espacio para tiempos muertos, y esto no solo es aplicable al texto sobre el que se trabaja… ¡Tan importante es que el texto se sostenga, como que el reparto mantenga en todo momento la atención e implicación del público!

Y es que perder la conexión con la audiencia una sola vez puede marcar la diferencia entre que les guste nuestro trabajo, o que les resulte indiferente

 

2. EL ESPACIO ES MUCHO MÁS REDUCIDO

Este punto está muy ligado al siguiente de la lista: el escenario suele ser mucho menos espacioso que en una sala de teatro convencional. Es más, ¡muchas veces ni siquiera suele haber un escenario como tal!

En muchas ocasiones, interpretar en una obra de microteatro implica actuar en una sala, donde la ficción planteada por la obra y el público conviven sin franja separatoria alguna. Esto plantea una serie de limitaciones gestuales y de movilidad, ¡pero también ofrece muchas oportunidades!

Por ejemplo, en Microteatre Barcelona se ha jugado muchísimo con el espacio y con innovar narrativamente, gracias a la tecnología. Esto implica que, en distintas obras, como “No estamos solos” (dirigida por Manuel Mira y donde actué junto a Ricard Balada), ¡incluso nos permitíamos interactuar con elementos como una pantalla de televisión sincronizada a una videocámara!

Por supuesto, en el teatro convencional también se innova y se juega con estas posibilidades, pero en el caso del microteatro, la corta duración de las piezas y las peculiaridades del espacio ofrecen muchas posibilidades insospechadas, que compensan lo reducido del espacio.

Poster "No estamos solos"

3. El Trabajo de Cuerpo y de Voz es distinto

Habiendo establecido ya que el espacio es muy reducido, también es cierto que eso juega a nuestro favor en cuanto al trabajo de voz. Y es que, en una sala de teatro convencional, es imprescindible proyectar muchísimo la voz en todo momento, incluso en momentos que piden diálogos más bien íntimos y cercanos. No en vano, ¿cómo queremos que los espectadores de las últimas filas sepan qué estamos diciendo, si no proyectamos hacia ellos nuestras voces?

Sin embargo, en microteatro el tamaño de la sala es menor, y eso también implica que hay menos asientos, menos filas y menos espectadores. Esto, interpretativamente, permite una mayor intimidad entre el reparto, y algo más de relajación a la hora de proyectar la voz. Esto no quiere decir en absoluto que no haya que hacer llegar nuestro diálogo a la audiencia (¡Faltaría más!), pero sí que el esfuerzo e incluso la impostación vocal son algo menores.

Además, el trabajo de cuerpo es completamente distinto. Nuestra expresividad debe estar algo más rebajada, en función de cuan cerca se encuentre el público de nosotros/as. Y es que lo que, en un escenario de gran tamaño y con un público separado, parece natural, ¡en una obra de microteatro puede resultar forzado o demasiado histriónico!

Así pues, es fundamental para cualquier actor o actriz, hacer un ejercicio de comprensión sobre el espacio en que nos movemos, para así calibrar adecuadamente qué trabajo expresivo, corporal y vocal debemos ofrecer para que el público entre en nuestro juego.

 

4. LA CERCANÍA CON EL PÚBLICO

Finalmente, y éste es un punto que ha sido clave en todos los anteriores: ¡en microteatro sueles tener al público casi rozándote! Esto implica, no solo regular tu intensidad física y emocional (como ya he mencionado antes), sino que la energía que la audiencia ofrece se siente en todo momento durante nuestro acting, ¡incluso condicionándolo!

En muchas ocasiones, me ha pasado que he reaccionado actoralmente de una forma u otra, en función de si el público estaba tenso, se reía, de si notaba a alguien emocionarse, de si se asustaban… ¡Es un proceso mágico, y personalmente recomiendo sucumbir a él!

A todos/as nos condiciona, en mayor o menor medida, la forma como reacciona el público a cómo nos estamos desnudando emocionalmente. Por eso, es mejor no resistirse, sino aceptarlo y abrazarlo, integrando los estímulos y la energía que el público nos da, y usando esa energía a favor del texto. ¡Los resultados siempre son mágicos y logran sorprenderme!

Selfie "No estamos solos"

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